Amanda, una mujer como cualquier otra (Segunda parte)

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Hola otra vez,

¿Que tal habéis pasado esta semana?, espero que bien

Ya estoy aquí de nuevo para continuar contando mi esta, mi historia personal, llena de pasillos puertas y laberintos.

Una puerta de cristal más, la sala C22

Estamos a principios de 2011 cuando comencé a tantear la situación de las personas transexuales, si es que había alguna, en mi empresa. Por aquél entonces era representante legal de los trabajadores por CCOO en el comité de empresa, así que escribí una larguísima carta a nuestro delegado sindical de entonces contando mi situación, días mas tarde escribí una carta similar a mis compañeros con los que tenía lazos de amistad de muchos años. Las muestras de apoyo que recibí fueron increíbles y emocionantes.

Nos marcamos un plazo de unos dos años para realizar mi proceso para dar un tiempo razonable a que el tratamiento hormonal hiciera algún efecto, solo qué, para mi sorpresa todo quedó resuelto en menos de un mes.

Continuemos, vamos a visitar un inmenso edificio de oficinas.

Mirad a vuestro alrededor, estamos en una planta gigantesca, enmoquetada de verde y azul; a través de sus ventanales inmensos se ve Alcobendas y algún que otro avión saliendo o entrando en el cercano aeropuerto de Barajas y si se mira hacia abajo se ve el estanque y el resto de edificios de nuestro complejo.

-¡Beeeeep!

Esperad un momento, creo que me está sonando el móvil.

¡Ah!, ya veo, ya lo había olvidado. Acaba de llegarme un SMS del pasado, es de Pepa y Fé deseándome suerte, ¿Que hora es?, las nueve y media de la mañana, va a empezar una reunión muy importante para mi.

En la planta, aquí y allá se encuentran montones de mesas corridas con un montón de gente, alguna de estas personas están absortas mirando sus pantallas, otras teclean algo, tal vez estén escribiendo algún correo electrónico, otras tal vez estén redactando algún informe; fijaros algunas de ellas hablan por teléfono y escriben a la vez. ¡Oh!, ¿habéis escuchado eso?, me pareció un exabrupto; una chica ha derramado su café sobre la mesa y revuelve dentro de su bolso agitadamente en busca de un kleenex. Dejemos a toda esta gente trabajando, está muy ocupada y no queremos distraerlos.

Justo al centro de la planta hay una serie de salas con paredes de cristal, fijaros en esta, la que en la puerta dice “Room C22”, observad desde fuera, allí dentro sucede algo importantísimo para una persona, si, alguien ha lanzado un órdago a su futuro y ese alguien soy yo.

En la sala con paredes de cristal se encuentran cuatro personas y en medio sobre una mesa enorme descansan una serie de papeles; uno de ellos un papel firmado por una psiquiatra, se trata de un diagnóstico de TIG (Trastorno de Identidad de Género), tambien se pueden ver algunas fotocopias escogidas de dos libros, “Transsexual Workers: An Employer’s Guide” y “The Complete Guide to Transgender in the Workplace”

Dejadme que os presente, allí están el gerente de recursos humanos, un delegado sindical, un compañero y amigo personal y yo. La reunión parece distendida, no sucede nada trágico, el gerente toma la palabra, oigamos que dice: “Se nos contrata para hacer un trabajo y cumplir unos objetivos, no es competencia de nuestra empresa el decir cómo han de vivir sus vidas o no sus empleados, llevas muchos años trabajando para nosotros y queremos que sigas con nosotros, sólo que esto es nuevo para nosotros, y deberás ayudarnos en este proceso”.

Acto seguido tomé la palabra, propuse que asistiría a trabajar ya como Amanda a mi vuelta de vacaciones de verano, a finales de Agosto.

He tenido suerte, muchísima suerte, muy pocas mujeres trans pueden decir lo mismo. Por desgracia somos pocas las que conseguimos conservar el trabajo, aunque bien mirado se ha avanzado mucho en este tema, y poco a poco se va avanzando mas.

A los pocos días los rumores empezaron a volar por la oficina, en realidad ya contaba con ello y en cierta forma formaba parte de mi estrategia, una vez más, así que en una mañana de Junio. “David, le he estado dando vueltas a esto de mi transición de género, aquí esto ya lo sabe todo el mundo, vamos a adelantarlo”

El sábado siguiente me llamaron urgentemente de Recursos Humanos, necesitaban una fotografía mía para el directorio corporativo y mi tarjeta de empleada.

Algo extraordinario….

El Lunes siguiente al regresar a la oficina vi que el correo electrónico que recibía llegaba a nombre de Amanda, era yo, ¡era increible!, no pudiendo reprimir mi curiosidad entré en el directorio corporativo a comprobar mis datos, ¿Ha sucedido ya?, ¿existo realmente?

A ver, a ver…. el buscador

Pues sí, ahí estaba yo, en una semana estaría disfrutando una nueva vida. Renacería de mis propias cenizas, pero para renacer primero hay que morir, aunque solo sea en sentido figurado. ¡naturalmente!

Mi funeral…..

Y llegó el Viernes, y con él una extraña ceremonia. Tuve el raro privilegio de asistir a mi propio funeral, en que yo, el finado, dirigía unas palabras de despedida a sus amigos y compañeros de trabajo. ¡Despediros de mí, ya que nunca me volveréis a ver!.

He de confesar que aquella circunstancia me resultó sobrecogedora y sentí una tristeza profunda por aquel que se hacía a un lado para que yo pudiera existir.

Mi primer día de vida de mujer a tiempo completo

Fue un día muy estresante, me presenté a tomar el tren en la estación del ferrocarril como todos los días, pero había algo nuevo, esta vez era Amanda la que iba a trabajar, las mismas caras de de sueño de siempre, pero una de las mujeres al percatarse de mi presencia puso una cara de incredulidad que helaba la sangre, no dijo nada, no, pero es una situación tan aterradora que hay que vivirla.

Tras de mas de dos horas de viaje llegué a la oficina, sita en la esquina entre Alcántara y Don Ramón de la Cruz. Al llegar allí había un montón de gente en la puerta, ¿Que hace toda esta gente aquí y precisamente hoy?, me preguntaba yo aunque conocía de sobra el motivo, simplemente estaban echando un cigarrillo, como todas las mañanas a esas horas.

Recuerdo que en la puerta estaba una compañera que conocía, me miró y al reconocerme me dijo, “Mujer estírate, la cabeza bien alta ¡eh!”. Tras uno minutos de charla para tranquilizarme un poco entré al edificio y me dispuse a cruzar el control de seguridad; vi por el rabillo del ojo que uno de los vigilantes puso cara de no creer lo que estaba viendo, pero no dijo nada, la barrera se abrió y me dejó pasar. Quedaba por dar un último paso, saludar a mis compañeros. Uno de ellos dijo que parecía que me había cambiado el pelo. ¿Aterrador no?

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El resto del día lo pasé, con muchas inseguridades, aguantando sin ir al baño todo el día, clavada a mi ordenador, pero jamás sentí una sensación de libertad mayor que aquel día. A la salida del trabajo marché a comer al Escorial, en una terraza.

– ¿Que desea para comer señorita?

Aquel día el Sol brillaba solo para mi.

Puerta de Atocha

Llevaba meses dándole vueltas a la cabeza con el asunto de mi genitalidad, en mi primera entrevista con mi psiquiatra la dije que me sentía mujer, que con el cambio de rol social sería suficiente, a fin de cuentas era una mujer independientemente de lo que llevara entre las piernas y si ni siquiera quería utilizarlo, ¿para que pasar por el quirófano?.

Me estaba engañando a mi misma, si bien era cierto que era una mujer independientemente de mis genitales, había algo que me estaba pasando por alto, mi paz interior, y esta demandaba de mí una solución. Yo como buena introvertida tengo una fuerte tendencia a dialogar conmigo misma:

  • Amanda hija ya sabes que no todas las personas transexuales necesitan esta operación, algunas ni siquiera la soportarían, pero tu sí que la necesitas, hazme caso a mí. ¿Qué te puede pasar?,

  • ¿Crees qué puedo morir en la operación?.

  • Todas moriremos algún día.

  • ¿Qué se siente bajo la anestesia general?

  • Ni idea, hija, creo que nada.

  • ¿Me dolerá mucho?.

  • No lo sé, aprieta los dientes, ya pasará.

  • ¿Me quedaré anorgásmica?

  • Y si es así ¿Qué?, no todo en la vida es sexo, ¡Ah! Pero si tal no sucediera, mejor que mejor, vivirás una experiencia interesante. Además, recuerda que eres muy asexual, ¡Que Diablos!

  • ¿Me arrepentiré de esta decisión?

  • ¿Tu?, ni en sueños, llevas toda una vida deseándolo. ¿Ya olvidaste las ideas que se te pasaban por esa cabezota tuya? Estabas estudiando la E.G.B y ya diseñabas motores eléctricos, máquinas de pin-ball, incluso algunos instrumentos musicales que funcionaban bajo los mismos principios que los órganos Hammond pero olvidaste que con once o doce años ya ideaste una técnica de inversión peneana un tanto suigeneris, y lo peor de todo es que intentaste llevarla a práctica, infructuosamente, pero lo intentaste. Los adultos dicen que los niños no saben lo que quieren, tú a esa edad ya ideabas técnicas de reasignación, cándidas y terriblemente ingenuas, pero desde luego que las ideabas. Tú podrás tener 48 años, pero sigues siendo una niña.

Busqué y rebusqué cirujanos por internet, absorbía todo sobre sus méritos y desméritos. En los foros de Carla había claramente dos grupos ganadores, Los Tailandeses, (Sanguan, Suporn) y el catalán Iván Mañero.

Busqué en el Google la clínica del Doctor Mañero y leí sus requisitos, los meses que debía llevar de TRH y un informe psicológico que acreditase que padecía Disfória de género.

Así que concerté una nueva cita con mi psiquiatra, necesitaba el informe, cuando lo tuviera en mi poder llamaría a la clínica para concertar una entrevista con vistas a mi futura operación.

En la consulta del cirujano

Cuatro meses mas tarde tuve la entrevista con el Dr Mañero en una clínica sita en Aravaca, en la periferia de Madrid.

Durante el tiempo que estuve en la sala de espera no pude mas que observar a la gente que había a mi alrededor, había que matar el tiempo de alguna manera, así que me puse a analizar todo lo que sucedía a mi alrededor.

Fruto del azar, o tal vez fruto de alguna regla no escrita, las chicas que iban llegando se iban sentado en los sitios de la derecha o de la izquierda. Las chicas transexuales se iban sentando a mi derecha, generalmente muy jóvenes venían acompañadas de su madre, a mi izquierda iban tomando asiento las chicas cisexuales, no tan jóvenes como en mi grupo. Yo, la mayor de ambos grupos estaba justo al centro. Pensándolo mejor es posible que nos estuviéramos distribuyendo por edades, sólo un antropólogo podría darme dame una explicación de tan peculiar comportamiento.

De repente un silencio seguido de un murmullo sordo invadió la sala de espera. El Doctor Mañero acaba de salir de la consulta.

– ¿Habéis visto?, es él, es él

Comentó una de las chicas.

-Es muy guapo

Comentó otra de las chicas en voz baja

A mi casi me da un ataque de risa del que a duras penas me contuve, la situación era un poco extraña, ya que diríase que mas que en la sala de espera de una clínica estuviéramos en el back stage de cualquier teatro a la caza de algún cantante famoso, pero a decir verdad algo de aquello había.

-Señorita Azañón pase a consulta

Por fín había llegado mi turno, para mi horror descubrí que había olvidado el certificado de la psiquiatra y el informe del endocrino en casa. Afortunadamente no era imprescindible llevarla encima, bastaría con que la entregara en día de la intervención.

-Amanda, ¿por qué se ha decidido ahora después de tantos años a someterse a esta intervención?

Se me hizo un nudo en la garganta y casi me echo a llorar, ¿Que pasaría si decide no operarme?

– No he podido hasta ahora, no he tenido ocasión.

– Eh, he, he. Calma, calma, tranquila, es sólo que necesitamos conocer tus motivaciones.

Dijo el Dr. en tono tranquilizador. Le conté mi historia, de cómo había llegado hasta aquí, de que necesitaba la operación.

Mañero me enseñó fotografías de otras intervenciones mientras me explicaba la técnica de la intervención.

– También he decidido que me gustaría aumentar ni pecho, ¿podríamos realizar las dos intervenciones a la vez?

– Si, si podemos hacer las dos intervenciones en la misma operación.

A continuación me enseñó una serie de mamoplastias mientras me acosejaba lo que mas me convenía dada mi complexión y altura.

Allí estaba yo, eligiendo mis pechos como quien elige un vestido o unos zapatos, así son las cosas. Tiene su punto de humor.

Mas tarde vino un reconocimiento médico y preguntas sobre la medicación que estaba tomando, si tenía alergias y esas cosas que preguntan todos los cirujanos.

Media hora mas tarde recibí una carpeta con el presupuesto, documentación y pruebas requeridas.

Al llegar aquella noche a casa estuve examinando la documentación, muy ilusionada por cierto. El presupuesto, buff, se pregunta frecuentemente ¿se pude poner precio a la felicidad?, yo digo sí que se puede, al menos la mía estaba tasada en varios miles de Euros. La lista de requerimientos era larga:

  • Certificado firmado por un psiquiatra o psicólogo clínico de disfória de género.

  • Al menos nueves meses de tratamiento terapia de reemplazo hormonal.

  • Una placa de torax.

  • Un electrocardiograma.

  • Anaĺíticas de sangre diversas, alergias, VIH, Hepatitis, pruebas de coagulación.

  • Medicación tomada habitualmente, (si la hay).

  • Una larga colección de consentimientos informados que debía leer, comprender y firmar.

La semana siguiente me presenté en el ambulatorio del pueblo para solicitar las pruebas diagnósticas y realicé el pago de la reserva de quirófano, acto por el cual aceptaba el presupuesto proporcionado.

Llamé a la clínica del Dr Mañero para decir que aceptaba el presupuesto.

– Buenos días, llamaba por el presupuesto que me dieron en Madrid por una CRS, mi nombre es Amanda Azañón.

– Un momento, por favor

Al cabo de unos minutos me contestó la telefonista.

– Podemos darle cita en Mayo, Junio y Julio, que ¿prefiere?

– Junio es una buena fecha, podré hacerlo coincidir con las vacaciones de verano

– ¿El seis le parece bien?

– Sí, perfecto

Ya tenía una fecha, 6 de Junio de 2012, faltaban apenas tres meses ya.

Los días pasaron en absoluta monotonía, de casa a la oficina, de la oficina a casa. Cada día al salir del trabajo pasaba por la estación de Atocha. Miraba con impaciencia la entrada a las puertas de embarque del AVE.

– La próxima vez que pase por allí volveré distinta, me decía.

¡Impacienteee!. Bueno, no ocurrió así, tuve que cruzar esas mismas puertas un mes antes de mi operación por un viaje de trabajo, una oportunidad para reencontrarme con el mar y conocer Vilanova i la Geltrú. Nuestro anfitrión era el laboratorio de arquitectura avanzada de redes, el CRAAX de la UPC.

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Aquellos días abandoné la medicación hormonal temporalmente, requisito indispensable para evitar problemas circulatorios debidos a la importante cirugía a la que me iba a someter el mes siguiente. Me despedí del Acetato de Ciproterona, después de la operación no me tendría que preocupar nunca mas de la testosterona, una hormona odiosa para mí. La mayoría de hombres, por no decir la totalidad de ellos encontraría espantosa la idea de perder los coj…. y yo me disponía a pagar un dineral para librarme de los mios, ¡pero!, no olvidéis que no soy un hombre.

No obstante tendré que tomar estrógenos el resto de mi vida, los estrógenos no sólo modifican el aspecto de mi cuerpo, también cumplen importantes funciones fisiológicas que deben sustituir a los de la testosterona, entre otras evitar una osteoporosis.

No obstante mi cuerpo todavía produce una pequeña cantidad de testosterona, similar al que produce el cuerpo del resto de las mujeres.

He de decir que aquel viaje fue muy agradable. Ni que decir que el AVE me encanta, no obstante la mejor parte del viaje vino a llegar a Sants. El viaje entre Barcelona Sants y Vilanova discurre por la costa con unas vistas impresionantes del mar; una experiencia un tanto deslucida al realizarse el viaje en una UT-450, esas unidades de tren de dos pisos cuyo confort no es precisamente el del Orient-express, pero aún así el viaje bordeando la costa es algo digno de vivirse.

Aquella tarde noche vino a conocerme una amiga desde Sitges. Paula, motera y tan friki como yo.

¿De que hablamos aquellas horas?, escuchad

– Verás Amanda, yo me reasigné en Thailandia, no discuto que Mañero sea el mejor cirujano europeo para una CRS, pero las técnicas de los cirujanos tailandeses están a años luz.

– Bueno, jeje, es que no me veo sola al otro lado del mundo con las tripas colgando y meterme al cuerpo 12 horas de avión, incluyendo luego el viaje a las Navas, además…Por cierto, ¿que hay de lo que voy a experimentar con el parón hormonal?

– Físicamente no mucho, algún pelillo en la cara, pero el humor….. Yo estaba insoportable. Te recomiendo que hagas la parada poco a poco para evitar el efecto rebote.

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¡Ah! Los eternos temas de conversación de las mujeres trans primerizas, bueno aunque aquí la primeriza era yo. Con eso y todo nuestro mundo no giraba alrededor de las cirugías y las hormonas. Salió el tema friki, Apple versus Intel, también temas personales y experiencias vitales.

Por la noche fuimos a cenar y paseamos por el paseo marítimo, Paula me describió los edificios de la zona que ella conocía bien. La brisa del mar me traía recuerdos de la infancia y el faro en la lejanía parpadeaba lentamente, un destello, otro destello, otro destello y una pausa, casi como si de un mensaje en morse se tratara me parecía que me decía “I love you”.

Al día siguiente, en la sede del CRAAX, me tocó reportar el avance de nuestro proyecto ante mis colegas, un grupo de ingenieras e ingenieros muy variopinto y multicultural: catalanes, polacos, la líder del proyecto que era una doctora croata, alemanes, argentinos, uruguayos, un indú y un colega mañico interviniendo desde Zaragoza. Y permítaseme la inmodestia, pero éramos un grupo de élite poniendo un granito de arena mas en el futuro de las redes de transporte de datos del futuro.

Terminada mi presentación terminé con un anuncio solemne, anuncié que al mes siguiente estaría de baja porque tendría mi cirugía de reasignación genital.

– Dear colleages, next month i’ll took a month off work, I will have my sex change surgery.

– Good luck Amanda in this important step in your life!

Es de noche ya, las aves migratorias comienzan a sobrevolar mi casa como todos los meses de Febrero. Amanda, ya es hora de dejar de escribir, se me cierran los ojos, ¡A la cama ya mismo!

Próxima entrega, La puerta del quirófano

Amanda Azañón Teruel

Amaterasu

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