Leyenda de la Batalla de Clavijo-La Rioja

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Dedicada especialmente a mi tierra adoptiva y la tierra de mi marido.

Leyenda de la Batalla de Clavijo (que históricamente nunca sucedió)

Según algunas versiones de la Leyenda, ya que como Leyenda no hay una única versión, un aspirante al trono del Reino de Asturias llamado Mauregato, hizo un pacto con el califa Abderramán I, por el cual si este le ayudaba a acceder al  trono de Asturias Mauregato le pagaría a Abderramán I un tributo consistente en cien doncellas cristianas, repartidas entre 50 doncellas plebeyas y 50 damas.

El califa aceptó de buen grado el pacto que le proponían  y así Mauregato en el año 783 accede al Reino de Asturias.

Este pacto se respeto durante varios años durante los cuales se pago el tributo al califa, no sin las quejas continuas de las familias de las doncellas elegidas. Este tributo generó un gran descontento y odio hacia el rey Mauregato hasta que en el año 789, es decir solo 6 años después, los condes Don Arias y Don Oveco se rebelaron contra el rey y cometieron el magnicidio.

Quizás por eso fue enterrado en un simple sepulcro liso en la Iglesia de Pravia con el siguiente epitafio:

Hic iacet in Pravia qui pravus fuit

Que traducido al castellano viene a decir:

“Aquí en Pravia yace el que fue depravado”

Puede ser que lo de depravado venga por el acuerdo al que llego el Rey Mauregato con el califa sobre el Tributo de las 100 doncellas, pero eso solo quien escribió el epitafio sabría respondernos.

Pero está claro que el tributo para el califa seguía en pie y el sucesor de Mauregato, el Rey Bermudo I de Asturias, después de muchos intentos y luchas consiguió cambiar el tributo de las doncellas por dinero y el califa Abderramán I acepto.

Pero nunca llueve a gusto de todos y los moros, que obviamente se beneficiaban del tributo de las 100 doncellas, fueron los que pasaron a estar descontentos y querían volver al antiguo tributo de las cien esclavas cristianas, para que querían dinero si de eso tenían, y después de muchos dimes y diretes y cuando en Asturias reinaba ya Ramiro I ,que poco duraban entonces los Reyes, en el año 844, el Rey recibió una embajada del nuevo califa Abderramán II en la que se le exigía volver al tributo de las cien doncellas.

El Rey Ramiro I, que era muy suyo, se enfureció con este hecho encendió  la antorcha de guerra. Reunió a las tropas cristianas y por su parte el califa  Abderramán II se dispuso con sus tropas a esperar la llegada de los cristianos.

Al llegar el ejercito cristiano de Ramiro I a Albelda y Nájera fueron rodeados por un enorme ejercito árabe formado por tropas de la Península y otras que habían llamado de Marruecos, los musulmanes no estaban dispuestos a ceder tan fácilmente.

Ramiro I al ver la enorme desventaja de su ejército, con la que EL no contaba ya que le triplicaban en número, decidió retirarse al Castillo de Clavijo.

El rey Ramiro I vio no solo peligrar su ejército sino también su Reino. El Rey Ramiro I ante semejante panorama no podía dormir, como para lograr dormir con ese panorama, y según parece cuando se durmió se le apareció el Apóstol Santiago montado en un gran caballo blanco, en la capa del Apóstol llevaba bordado una cruz tintada de rojo y empuñando una flamante espada le dijo al Ramiro I:

“El SEÑOR no abandona a su pueblo, y está contigo;

ataca al moro en cuanto amanezca, y tuya será la victoria;

yo, por Orden de Dios, combatiré contigo en tus filas”

El Rey al despertarse, le conto a todos sus sueños y obviamente creyeron ciegamente en el sueño del Rey y lo consideraron como un buen augurio y salieron a la batalla.

Como era de esperar la batalla fue tremenda, cada cristiano tocaba a siete moros, pero se dice que entre las tropas apareció un extraño caballero montado en un corcel blanco, obviamente el Apóstol Santiago, cuya capa ondeaba al viento como una gran bandera con el símbolo de la cruz teñido en rojo. El misterioso corcel igualaba la destreza de cien hombres juntos.

Aquí vemos realmente dos Leyendas juntas; La Batalla de Clavijo y el nacimiento del nombre de Santiago Matamoros.

De aquí nace el emblema de la posteriormente fundada Orden de Caballería de Santiago.

La Cruz de Santiago forma parte del Escudo de La Rioja y asimismo forma parte del Castillo de Clavijo, el cual, desgraciadamente está prácticamente en ruinas. Solo se conserva un paño de muralla y aun así, se da cuenta uno de lo grandioso que debió ser en sus tiempos.

Breve historia del castillo de Clavijo (datos reales históricos y de ubicación)

Está situado a 872 m. de altitud en la comarca de Logroño, separando las comarcas Camero Viejo y Camero Nuevo.

Construido en el S.X por los árabes, debido al importante lugar estratégico que ocupaba.  Está constituido por una muralla del S.XII de 85 m. de largo por 1,50 m. de grueso, con cuatro torreones o cubos, siendo sus linderos por la derecha, izquierda y fondo.  Sobre un torreón se encuentra la Cruz de Santiago, que forma parte del Escudo de La Rioja.
En el año 923 fue reconquistado por los cristianos por los reyes Ordoño II de León y Sancho Garcés I de Navarra.

En el año 960 el rey García Sánchez I de Navarra, hizo prisionero al Conde Fernán González, confinándole en el Castillo de Clavijo.

En la escritura de los votos del Conde Fernán González a San Millán de la Cogolla, aparece con el nombre de “Claviggo”.

En 1033 el rey Sancho Garcés III de Navarra donó el castillo al Monasterio de San Martín de Albelda.

En 1476 D. Pedro de Zúñiga lo vendió a los Condes de Aguilar, Señores de Cameros, por 430.000 maravedís.

Perteneció a la provincia de Soria, hasta la creación en 1833 de la provincia de Logroño.

En 1931 fue declarado Monumento Nacional.  En 1969 es donado a la Diputación Provincial de Logroño.

Con los datos históricos aportados nos damos cuenta que  fue imposible cronológicamente que dicha batalla tuviera lugar, ya que no fue hasta el año 923, cuando el Castillo fue reconquistado por los cristianos y el Castillo no fue construido hasta el S.X

La moraleja que yo extraigo de esta leyenda es que la fe mueve montañas. No me refiero solo a la fe como algo de carácter religioso, sino fe en nosotros mismos, en nuestros pensamientos, en que como seres tenemos la fuerza que nos propongamos para conseguir nuestros objetivos. La confianza en nosotros mismos es el motor principal de nuestra fe para lograr nuestros propósitos. La negatividad, el no creer en uno mismo no solo nos va a producir más negatividad y falta de confianza, sino que va a  poder incluso hasta  anularnos. Los humanos tenemos la fuerza necesaria para poder llegar a lograr como individuos las metas que nos propongamos. No está mal tener fe en alguna creencia religiosa, cada cual tenga fe en lo que considere adecuado, pero la fe principal y nuestro verdadero motor de arranque para lograr vencer lo que nos propongamos, nuestros miedos, nuestros retos, debemos ser nosotros mismos.

Consejo: No nos paremos a esperar que la solución nos venga del cielo o de donde sea ajeno a nosotros y busquemos la solución dentro de nosotros mismos. Nosotros tenemos dentro de nosotros, como humanos, nuestro propio Caballero de corcel blanco.

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